Raquel
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RAQUEL QUINTO

¿Para qué sirve la utopía?, para caminar...

Mar 02 Crónicas retrospectivas de Japón. Día 10: Iga Ueno y Nara

La visita de este día comienza en la población de Iga Ueno, conocida por conservar vestigios culturales de los ninja. Lo primero que visitamos es una casa ninja, casa que fue trasladada en los años sesenta desde otro área de Japón, para que, junto al museo ninja, formar un complejo básicamente enfocado a los turistas. En la casa ninja, una chica se encargó de mostrarnos los entresijos de las residencias de los ninjas: puertas giratorias que te hacen desaparecer, altillos ocultos para esconderse y atacar por sorpresa, tramplillas, sitios secretos para guardar armas, etc.
Después, pasamos a visitar el museo ninja, donde pude hacerme esta foto con este auténtico ninja, je, je…
En el museo estaban expuestos los famosos shuriken, las famosas cuchillas utilizadas por los ninjas:
Y aquí estamos Claudio y yo, perfectamente caracterizados para la ocasión…
Después del museo, teníamos programada una actuación en donde dos personajes nos mostraron cómo eran las luchas entre ninjas; por supuesto, eran actores, y no ninjas auténticos, porque todo aquí estaba más bien enfocado a la atracción turística:
Tras el espectáculo, fuimos a comer, y esta vez comimos udon, unos fideos bastante gruesos, con verduras; no estuvo mal, pero prefiero los otros fideos más finos, que están más sabrosos…:
Con el acompañamiento, una hoja rebozada, que estaba buenísima!:
Después de comer nos dirigimos a Nara, donde se encuentra el famoso Todai-ji, el Gran Templo del Este, la estructura de maderas (de un solo techo) más grande del mundo y que alberga la estatua de Buda hecha en bronce más grande del planeta. Tras atravesar un parque y un pórtico de madera, se accede el templo principal, el Daibutsuden. Esta enorme estructura de madera alberga en su interior la estatua de Buda:
La enorme imagen de 15 m (la más grande estatua de Buda bajo techo en el mundo) fue originalmente cubierta de oro por el emperador Shomu. Lamentablemente, incendios, terremotos y otros desastres removieron su dorada película, dañando asimismo partes de la estructura original. La posición en la que se encuentra (mudra) con la mano derecha levantada, significa la facultad de conceder deseos. La mano es tan grande que 5 monjes pueden ponerse de pie sobre ella:
En la parte posterior del templo una de las columnas contiene un agujero de unos 50 cm. el cual se dice es del mismo tamaño de la fosa nasal de la estatua de Buda. Los japoneses creen que si uno es capaz de atravesar la columna, tienen un lugar asegurado en el cielo de Buda:
¡Así que yo ya me he ganado ese lugar!:
Cuando ya íbamos a abandonar el templo, vimos un puestecillo en el que, por 1000 yenes (unos 6 euros) que irían destinados a restaurar el tejado del templo, podías poner un deseo en una teja del nuevo tejado, así que decidimos hacerlo, y siempre podremos decir que nuestro deseo y nuestros nombres forman parte del tejado que cubre al buda más grande del mundo…
El parque que rodea al Todai-ji, está poblado por ciervos. Cuenta la leyenda que muchas deidades viajaban montadas en ciervos blancos, por lo que estos animalitos son venerados como mensajeros divinos y portadores de buena suerte. Estos en concreto, están tan acostumbrados a convivir con la gente que puedes tocarlos y darles de comer tranquilamente:
Bueno, menos cuando uno demasiado grande quiere para él solito toda la comida y te persigue…
En cualquier caso, y exceptuando las persecuciones inofensivas para conseguir comida, es un gusto poder acariciarlos tan ricamente…
En el parque que rodea al templo había unos puestecillos para comprar “souvenirs”, y también unas tienditas, donde encontramos un cartel de lo más divertido: Té verde (No para fumar)
Tras este templo, fuimos a visitar otro templo en Kyoto, el Fushimi Inari Taisha, un santuario sintoísta dedicado al espíritu de Inari (diosa japonesa de la fertilidad, el arroz, la agricultura, etc). La peculiaridad de este templo es que, a lo largo del ascenso por la colina que lleva al templo, situado en la cima de la misma, uno va pasando bajo miles de toriis rojos, donados por particulares o compañías, como ofrenda, y que van formando un rojo túnel ascendente precioso hasta alcanzar el templo…Nosotros no tuvimos tiempo de llegar a la cima, porque ya era tarde, pero queda en nuestras agendas de cosas pendientes que hacer en Japón cuando volvamos, porque otros compañeros que subieron nos dijeron que valía mucho la pena, por las vistas sobre la colina que se van teniendo a lo largo del camino. Aquí tenéis algunas fotos del camino de toriis, que quizás os suene de alguna escena de la película “Memorias de una Geisha”:
Esa noche cenamos en Kyoto, en un bar bastante tradicional, con algunos compañeros del hotel, y con Akira (el de la agencia de viajes) y Noriko (la guia que tuvimos en Kyoto, que era genial):

Al día siguiente volvimos a Tokyo, donde pasamos tres días más antes de regresar a España…En el avión de vuelta, hablábamos de planes de ahorro para ver quién podía ser el primero en volver…

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© 2008, Raquel Quinto Gomez