Raquel
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RAQUEL QUINTO

¿Para qué sirve la utopía?, para caminar...

Oct 24 Crónicas retrospectivas de Japón. Día 4: Mejiro y Shinjuku

Este día decidimos hacer una excursión por nuestra cuenta, ya que Claudio quería comprarse un shakuhachi, o sea, una flauta japonesa. Como teníamos una tienda localizada en una zona de Tokyo llamada Mejiro, nos dirigimos a la estación de metro de Ueno, y desde ahí cogimos por primera vez la línea Yamanote, que es una línea de metro circular que recorre el centro de Tokyo.
Encontramos la tienda fácilmente, y compramos un shakuhachi que, aunque imita el bambú, es de plástico, porque los de bambú eran carísimos!
Después, seguimos con la línea Yamanote hasta Shinjuku, otra de las zonas comerciales de Tokyo.
Dimos un paseo, viendo algunas tiendas; ese día hacía mucho calor, así que, de repente, al doblar una esquina, encontramos una especie de oasis en la gran urbe: en contraste con los macro-edificios, se encontraba un barecillo de lo más típico, con mesitas en la calle, a la sombra de agradables árboles…Son esos encantadores contrastes una de las cosas más maravillosas que tiene Japón. Decidimos sentarnos a comer allí, y fue una comida estupenda: comimos unos soba fríos y otros calientes. Los fríos no llevan nada más que un cuenquito con salsa de soja para mojarlos, y una pizca de cebolla y wasabi en otro pequeño cuenco; los calientes te los sirven en un cuenco enorme, mezclados con verduritas. Todavía me pregunto cómo una cosa tan sencilla puede estar tan buenísima!...Comimos hasta casi reventar…

Una de las cosas geniales de Japón es que se come por muy poco dinero, y los platos son bastante generosos…Un plato de estos fideos podía costar unos 400 yenes (unas 400 pesetas), así que comíamos los dos por muy poquito dinero. Lo que salía más caro era si pedías cerveza, que valía unos 550 yenes, pero claro, eso si la comparamos con la comida, porque era una jarra enorme, así que tampoco salía tan mal de precio. Además, en todos los sitios te ponen agua gratis, con cubitos, acompañando a la comida, y no la tienes que pagar. En Japón les sobra el agua, y además la del grifo está muy buena, así que si bebes agua no te gastas nada en bebida. Muchas veces también te ponen té verde, que ellos beben a todas horas, pero siempre sin azúcar, así que yo a ese amargor no logré acostumbrarme…, una pena, porque creo que uno de los pilares de la longevidad japonesa, además de la comida, es gracias a tanto beber este té tan antioxidante.

Después de comer seguimos paseando por Shinjuku, y estuvimos jugando a una de las máquinas de Taiko, o tambor japonés, que teníamos muchas ganas de probar, y la verdad es que son geniales!: eliges una canción, y tienes que seguir el ritmo tocando el tambor.
Por la noche, en el hotel, hice un intento de sacar algún sonido del shakuhachi, pero resultó imposible…Es dificilísimo hacerlo sonar!. Creo que mis pulmones no están hechos para esto…

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© 2008, Raquel Quinto Gomez