RAQUEL QUINTO
¿Para qué sirve la utopía?, para caminar...
Oct 12 Crónica retrospectiva de Japón. Día 2: Tokyo Tower y Asakusa
Tras una noche reparadora, después de tantas horas sin dormir, llegó la hora del primer desayuno japonés! Aunque en el hotel había self-service y teníamos la opción de escoger desayuno oriental u occidental, yo me hacía siempre un mix: la sopita de miso con tofu, que aunque pueda chocar tomarla por la mañana es genial para comenzar el día con energía, un huevo duro, dos bollos con mantequilla y mermelada, y café con leche…casi nada!
Había siempre un gatito al otro lado del cristal del comedor donde desayunábamos que era muy juguetón, y siempre andaba esperando que le diéramos algo de comer. Era monísimo! Este día teníamos excursión organizada, así que nos dirigimos con Megumi y Akira en el autobús hasta la Torre de Tokyo. El diseño de esta torre está basado en el de la torre Eiffel, pero pesa menos y es más alta (altura: 333 metros), lo que la convierte en la torre de metal más alta del mundo. Tiene dos miradores, uno más bajo, a los 150 metros, y el mirador especial, que se encuentra a una altura de 250 metros. Las vistas de la ciudad de Tokyo desde el segundo mirador son impresionantes! Dentro de la torre hay también una especie de patio interior, con muchos muñecos de feria, con los que, cómo no, estuvimos haciéndonos unas fotillos… En uno de los pisos de la torre hay tiendecillas de souvenirs y restaurantes. Una cosa que llama la atención de la mayoría de los restaurantes de Japón es que tienen una vitrina con reproducciones en plástico de los platos que ofrecen; esto, que a simple vista parecería una tontería o una simple anécdota curiosa, resulta muy práctico a la hora de pedir comida en los restaurantes si no dominas el japonés, sobre todo en aquellos en los que la carta está en japonés y no tienen foto de los platos, porque siempre puedes señalar la reproducción de plástico para que sepan el plato que quieres. Tras la visita a la torre de Tokyo, nos dirigimos a visitar el Palacio Imperial, bueno, mejor dicho, los alrededores del palacio, porque no siempre se puede visitar, así que nos conformamos con verlo desde el otro lado del foso que lo rodea…De camino hacia el palacio pasamos por unos jardines en los que había una estatua de un samurai. Después del Palacio Imperial nos dirigimos a Asakusa , uno de los distritos de Tokyo, con un aire bastante tradicional, donde visitamos el templo budista Senso-ji, precedido por el portal Kaminari-mon (Puerta del Trueno), con una enorme linterna roja de papel, y la famosa pagoda del templo. También allí pudimos ver la sandalia gigante de Buda: Al lado del templo hay una serie de callecillas llenas de puestos bastante chachis para comprar cosillas tradicionales, como dulces, abanicos, kimonos, etc. Ahí me compré mis ninja tabis (zapatillas ninja), con las que fui comodísima el resto del viaje… Fue en esta zona donde vimos por primera vez los carritos tirados por japoneses, que por cierto, también llevan ninja tabis! Tras hacer las compritas, nos dirigimos a comer a un restaurante cercano; normalmente Megumi, la guia, nos abría camino con un palito del que pendían unas llamativas hojas de plástico amarillas (hay que decir que está mucho menos visto que la habitual banderita…): Pero a la entrada del restaurante cedió sus poderes momentáneamente a Claudio, que quedaba de esta guisa…: En este restaurante de Asakusa comimos tempura, un rebozado japonés que no está nada aceitoso; normalmente se reboza el pescado, pero en nuestro caso fueron verduras, que Akira ya se fue encargando de avisar en los restaurantes de que había dos vegetarianos en el grupo…Una vez terminada la excursión, volvimos al hotel, y como todavía era temprano (alrededor de las cinco de la tarde), decidimos hacer nuestra primera incursión en el metro para dirigirnos a Ginza, otro distrito de Tokyo, pero éste más comercial, repleto de tiendas de grandes marcas. La primera escapada en metro fue un éxito, porque al final no es mucho más complicado que el metro de cualquier otra ciudad europea, una vez aprendes a sacar el billete; además, las letras del sitio al que quieres ir están también en romanji, es decir, en letras occidentales, así que sólo tienes que ver en el mapa dónde quieres ir, en qué línea, y ver el dinero que cuesta llegar hasta allí. Luego, en la máquina sacas un billete por ese importe y ya!
Ginza, como cualquier parte de Tokyo, es impresionante por la noche, con todos esos carteles luminosos… El motivo de esta excursión era una de nuestras visitas obligadas, el Apple store: Y con la satisfacción de haber dado un pequeño pasito más en nuestro intento de desenvolvernos en esta gigantesca ciudad, una vez controlado el metro, nos volvimos exhaustos al hotel, tras este intenso día…
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